Descubre por qué sentimos que nuestros hijos crecen demasiado rápido y aprende pequeñas formas de disfrutar más de cada etapa de la maternidad y la paternidad.

Por qué sentimos que nuestros hijos crecen tan deprisa y cómo disfrutar más de cada etapa

El otro día encontré una foto de Elena con uno de sus primeros conjuntos.

Recuerdo perfectamente aquel momento. El conjunto le quedaba enorme y yo estaba convencida de que tendría muchísimo tiempo para disfrutar de esa etapa.

Sin embargo, al mirar la fotografía pensé algo que seguro que muchas madres y padres han sentido alguna vez:

¿En qué momento ha pasado todo tan rápido?

Porque cuando tenemos hijos, el tiempo parece funcionar de una manera diferente.

Los días pueden hacerse largos. Especialmente cuando dormimos poco o sentimos que no llegamos a todo.

Pero los meses... los meses vuelan.

Y un día descubres que ese bebé que cabía perfectamente entre tus brazos ahora corre por toda la casa, tiene sus propias opiniones y te sorprende cada día con algo nuevo.

Si eres mamá primeriza o futuro papá, probablemente ahora mismo estés viviendo una etapa llena de cambios, emociones y aprendizajes. Y aunque a veces resulte agotadora, también está llena de pequeños momentos que merece la pena recordar.

¿Por qué sentimos que nuestros hijos crecen tan deprisa?

Nuestros hijos cambian constantemente.

Aprenden algo nuevo casi sin que nos demos cuenta.

Les queda pequeña esa prenda que parecía enorme hace solo unos meses.

Empiezan a dormir mejor.

Dicen una palabra nueva.

Descubren algo que antes les daba miedo.

Mientras tanto, nosotros seguimos con nuestra rutina diaria: comidas, trabajo, baños, juguetes por recoger y listas interminables de tareas.

Y cuando levantamos la vista, el tiempo ha avanzado mucho más de lo que imaginábamos.

No significa que no lo hayamos disfrutado.

Simplemente significa que hemos estado ocupados viviendo.

Muchas mamás primerizas y futuros papás coinciden en esta sensación: parece que nuestros hijos crecen demasiado rápido.

Y, en cierto modo, es verdad.

Porque la infancia está llena de etapas breves e irrepetibles.

Cada etapa tiene algo que echaremos de menos

Es curioso.

Cuando tenemos un recién nacido deseamos dormir una noche entera.

Cuando empiezan a caminar, esperamos que aprendan a comunicarse mejor.

Y cuando son más independientes, echamos de menos aquellos días en los que querían estar todo el tiempo en nuestros brazos.

La realidad es que cada etapa trae consigo nuevos retos.

Pero también tiene una belleza difícil de repetir.

Los recién nacidos

Su olor.

Sus pequeñas manos.

La tranquilidad con la que se dormían sobre nuestro pecho.

Los bebés

Las primeras carcajadas.

Los balbuceos.

La emoción de sus primeros pasos.

Los niños pequeños

Las conversaciones inesperadas.

Los abrazos espontáneos.

La manera tan especial que tienen de descubrir el mundo.

Quizá la clave no esté en querer que el tiempo vaya más despacio.

Sino en reconocer lo valioso que es el momento que estamos viviendo ahora.

No hace falta hacerlo todo perfecto

A veces sentimos mucha presión por disfrutar cada instante.

Por ser pacientes.

Por estar siempre disponibles.

Por crear recuerdos inolvidables.

Pero la realidad es otra.

Habrá días caóticos.

Momentos de cansancio.

Y etapas más difíciles que otras.

Y eso también forma parte de la maternidad y la paternidad.

No hace falta hacerlo todo perfecto para que nuestros hijos se sientan queridos.

A menudo, los recuerdos más importantes nacen precisamente de la sencillez.

De una tarde de juegos en el salón.

De una canción antes de dormir.

De un abrazo inesperado después de un mal día.

Cómo disfrutar más de cada etapa

Muchas veces pensamos que para crear recuerdos especiales necesitamos hacer grandes planes.

Sin embargo, aprender cómo disfrutar más de los hijos suele tener que ver con cosas mucho más simples.

Puede ser tan sencillo como:

  • Hacer una fotografía espontánea.

  • Guardar una frase divertida que hayan dicho.

  • Leer un cuento sin mirar el móvil.

  • Salir a dar un paseo sin prisas.

  • Dedicar unos minutos al día exclusivamente para jugar con ellos.

  • Conservar algún detalle que tenga un significado especial para vuestra familia.

Porque muchas veces no echamos de menos los grandes acontecimientos.

Echamos de menos la vida cotidiana.

Los recuerdos también viven en los pequeños detalles

Con el paso del tiempo, algunos objetos adquieren un valor inmenso.

La pulsera del hospital.

Un peluche favorito.

Un dibujo hecho con trazos torcidos.

O ese primer conjunto que decidimos guardar porque representa el comienzo de todo.

No son simplemente cosas.

Son recuerdos.

Pequeñas ventanas a momentos que nunca volverán a repetirse exactamente igual.

Y quizá por eso cuesta tanto desprenderse de ciertas prendas.

Porque nos recuerdan quiénes eran nuestros hijos en aquella etapa.

Y también quiénes éramos nosotros.

En elesanbebé creo profundamente en el valor de esos pequeños detalles.

Porque hay prendas que simplemente se usan.

Y otras que terminan guardándose para siempre porque nos conectan con algunos de los recuerdos más bonitos de nuestra vida.

No podemos detener el tiempo, pero sí vivirlo con más calma

Nuestros hijos van a crecer.

Y eso es una buena noticia.

Significa que están sanos.

Que avanzan.

Que descubren el mundo a su propio ritmo.

No podemos hacer que permanezcan pequeños para siempre.

Pero sí podemos intentar vivir cada etapa con un poco más de presencia.

Escuchar con atención cuando nos cuentan algo importante.

Abrazarlos un poco más.

Hacer esa fotografía aunque la casa esté desordenada.

Guardar ese recuerdo que sabemos que dentro de unos años tendrá un significado enorme.

Porque un día volveremos a encontrar una imagen antigua o una pequeña prenda olvidada en una caja.

Y probablemente volveremos a preguntarnos:

¿Cómo puede haber pasado tan rápido?

Y entonces comprenderemos que nunca se trató de detener el tiempo.

Sino de haber estado presentes mientras sucedía.

Porque, al final, quizá no recordemos cada noche sin dormir ni cada juguete recogido del suelo.

Pero sí recordaremos sus abrazos.

Sus primeras palabras.

Las risas compartidas.

Y la inmensa suerte de haber acompañado cada paso de su crecimiento.

Y eso, sin duda, es uno de los regalos más bonitos de la maternidad y la paternidad. 🤍

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.